
POR: JORGE NAIN RUIZ DITTA
Por estos días que se estuvo realizando la versión 34 del Festival de Canciones Samuel Martínez en el corregimiento de La Loma, municipio de El Paso, Cesar, me puse a pensar que nuestro municipio tiene tal vez el mayor número de festivales vallenatos por metro cuadrado en Colombia. Entre los que conozco están el Festival Pedazo de Acordeón, en la cabecera municipal; el Samuel Martínez, en La Loma; La Negra Cipriana, en Cuatro Vientos; el Daniel Barraza, en El Carmen, y el Festival del Suero, el Queso y la Palma Africana, en el corregimiento de Potrerillo.
Después de hacer esa reflexión, mi imaginación se fue para La Guajira y llegué a San Juan del Cesar. Allí sé que también hacen muchos festivales, por ejemplo: el de Compositores en la cabecera, el de la Agricultura y la Guitarra en Cañaverales, el del Fique en La Junta, el de la Patilla en La Peña y el de la Canción Vallenata en Los Haticos. Y supongo que faltan datos de otros corregimientos y veredas.
Ahora, cuando mi imaginación regresó a Valledupar, me surgió una pregunta bien interesante: ¿cuántos festivales o concursos vallenatos se realizan en este municipio? Son muchos y cada año surgen otros. Alrededor del padre de todos estos eventos, que es el Festival de la Leyenda Vallenata, hay todo un ecosistema de eventos que procuran promover, proteger y preservar las tradiciones y los cánones del folclor vallenato.
Sé que el solo municipio de Valledupar se acerca o supera los veinte eventos de esta naturaleza, entendiendo por festival vallenato todo aquel evento en el que se realicen concursos de conjuntos, acordeón, canciones, canto o piquería, o que busque la protección y preservación de la música vallenata.
En la sola cabecera municipal del “Valle” se realizan durante el año eventos como el EVAFE, Un Canto al Río y el Intercolegial CASD. En la mayoría de los 25 corregimientos y en algunas veredas también se realizan anualmente, además de las fiestas patronales, eventos con estas características. Por ejemplo: dos solamente en Patillal, y otros en La Mina, Atánquez, Badillo, Rioseco, Guacoche, Guacochito, Los Corazones, Alto de la Vuelta, Valencia, Aguas Blancas, Mariangola, Los Venados, Guaimaral y El Perro, por solo mencionar algunos.
Estamos posiblemente ante uno de los mayores ecosistemas difusores y protectores de la música vallenata tradicional en Colombia. Lo curioso es que parece funcionar autónomamente, sin que exista una coordinación o dirección que articule todos esos esfuerzos, aunque muchos de ellos parecen coincidir con varios de los propósitos de salvaguardia de la música vallenata tradicional.
Entre las preguntas que surgen están: ¿cuál es el rol que cumplen en estos eventos las autoridades departamentales y locales? ¿Son financiados en su totalidad con recursos públicos? ¿Qué papel juegan en ellos los llamados gestores culturales? ¿Existe algún organismo que ejerza control y vigilancia sobre estos eventos?
Este escrito es apenas la punta del iceberg de una investigación que estamos realizando sobre el número y las características especiales de los festivales vallenatos que se realizan en todo el territorio nacional. En la medida en que avancemos, los resultados los iremos publicando en esta columna.
Jorge Nain Ruiz Ditta









