La entidad confirmó el fenómeno el 8 de octubre. Su desarrollo puede aumentar las presiones sobre el abastecimiento de agua y las actividades productivas, incluso mientras continúan las lluvias de temporada.
Riohacha, La Guajira, 9 de octubre de 2026. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) declaró oficialmente el fenómeno de El Niño este jueves 8 de octubre, tras verificar los criterios técnicos de seguimiento climático. Según la información reportada, existe una probabilidad del 83 % de que alcance una intensidad fuerte o muy fuerte hasta el primer trimestre de 2027.
La declaratoria es relevante para La Guajira, donde las dificultades históricas de acceso al agua y la vulnerabilidad de actividades agropecuarias hacen especialmente importante la preparación frente a períodos de menor disponibilidad hídrica.
El Niño no significa que dejará de llover
Aunque El Niño suele asociarse con temperaturas elevadas y reducción de precipitaciones en varias regiones de Colombia, su presencia no implica la desaparición de las lluvias. El país atraviesa la segunda temporada de mayores precipitaciones, por lo que todavía pueden ocurrir tormentas y crecientes súbitas. Las lluvias intensas de algunos días no descartan el fenómeno.
La Guajira y la seguridad hídrica
En Uribia, Manaure, Maicao y Riohacha, numerosas comunidades rurales dependen de sistemas de abastecimiento con limitaciones de cobertura o continuidad. En el sur del departamento, el río Ranchería y otras fuentes son esenciales para consumo humano, agricultura, ganadería y ecosistemas. Corpoguajira ha adelantado actividades de monitoreo de disponibilidad hídrica en el sector El Silencio, en Distracción.
Agua, alimentación y producción
Una reducción prolongada de precipitaciones puede afectar cultivos, ganadería y fuentes de abastecimiento. El impacto potencial exige atención especial en comunidades que ya enfrentan barreras para acceder al agua potable y condiciones de inseguridad alimentaria.
¿Qué deberían preparar las autoridades?
La respuesta requiere seguimiento de fuentes hídricas, revisión de planes de contingencia de acueductos, protección del consumo humano e identificación de comunidades vulnerables. También se necesitan datos públicos periódicos sobre caudales, pozos y embalses. La seguridad hídrica depende tanto de las condiciones climáticas como de infraestructura, gestión institucional y acceso efectivo al servicio.









